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Lída Baarová, la mujer que aplacó a la bestia

Arantza Margolles Beran el 5 enero, 2016 - 11:15 pm en A fondo, Cine y televisión

Filip Renč, director praguense conocido por el musical Rebelové (2001), lleva a las pantallas la tormentosa vida de Lída Baarová (1914-2000), la actriz checa que puso en jaque mate al mismísimo Goebbels.

Barcarole (1935)

Barcarole (1935)

Lída nació como Ludmila Babková en la Praga de 1914, hija de un militar austro-húngaro y de una cantante de ópera que transmitió a quien llegaría a ser una de las mujeres más hermosas de Checoslovaquia la pasión por los escenarios. Por aquel entonces, la cumbre del cine europeo estaba en Berlín, y el talento arrollador que la jovencísima Lída demostró desde la adolescencia hizo que pronto, con apenas 17 años, alguien se mostrase dispuesto a pagarle viaje y estancia a la capital alemana. La estrella había nacido, pero nada podía hacer presagiar que los motivos por los que, con el paso del tiempo, la conocería la mayor parte de sus compatriotas serían otros muy diferentes.

La realidad, como siempre, pudo haber sido otra. Contó Lída, décadas más tarde, que tras el estreno en 1935 de la película que la catapultó a la fama, Bacarole -cuyo papel protagonista ganó gracias a su fuerte acento checo: el director buscaba una actriz que pudiera interpretar a una mujer extranjera-, los estudios de Hollywood se la rifaban, ofreciéndole tentadoras ofertas que ella, a gusto en Alemania, rechazó. Esa decisión cambió su vida radicalmente, porque con el dinero ganado en el film Lída y Gustav Fröhlich (1902-1987, lo conocerán por Metrópolis), coprotagonista de Bacarole y recién comprometido con la checa, se trasladaron a una lujosa mansión sita en Karl-Marx-Strasse 8, a pocos metros de la residencia que por aquel entonces ocupaba el Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels.

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Lída y Gustav Fröhlich con Goebbels, 1936

Por aquel entonces, Goebbels llevaba apenas cuatro años casados con Magda Ritschel (1901-1945), imponente rubia de ojos azules que respondía al modelo de mujer perfecta para el régimen nazi: de físico ario -muy opuesto al de Goebbels o, incluso, al del mismo Hitler-, apasionada criadora de niños para la patria y ferviente admiradora del Partido Nazi: con Goebbels llegó a tener seis hijos, todos llamados con nombres que empezaban por H, en conmemoración del Führer. Pero todo eso, al parecer, no era suficiente para Goebbels, mujeriego irredento que cayó rendido a la belleza eslava de Lída Baarová. La empresa no fue fácil y, quizá por ello, el ministro cayó enamorado sin parangón de Baarová, con una pasión que llegaría a poner en un brete no sólo su matrimonio, sino incluso su carrera política.

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Lída Baarová

Los escarceos de Goebbels eran algo conocido para todos cuantos le rodeaban y también para Magda, su mujer, pero con Lída se superaron todos los límites de lo tolerable. En 1936, la relación de la actriz con el nazi ya se había materializado y el compromiso con Fröhlich, involuntario espectador de toda la historia de amor, se disolvió. Magda Goebbels no era ajena a las pasiones que despertaba la checa no sólo en su marido, sino también en Adolf Hitler -a quien quizás amase más (bien conocido es ya el sectarismo que profesó la alemana hacia el líder nazi) que a su propio marido-, a quien Lída le recordaba a su tristemente fallecida sobrina y amante Geli Raubal. Y le quemaban los celos, con razón: en 1937, mientras llevaba en sus entrañas a Holde, su cuarta hija, Joseph ya no ocultaba públicamente su relación con la actriz, a la que llevaba a cenas oficiales y con quien se dejaba ver de la mano en Berlín. Magda, para muchos la primera dama del Tercer Reich, no estaba dispuesta a tolerar la humillación.

Lida3Baarová, en la cumbre de su carrera, acumulaba dinero y favores de un político al que, en la primera línea del poder nazi, no le estaba permitido romper su matrimonio. Pero Goebbels quiso hacerlo: siendo ministro de Propaganda, y ante la tensa relación con Magda, llegó a solicitar a Hitler que le trasladase a Japón como embajador, en un retiro dorado donde poder vivir su amor con la checa sin que nadie se interpusiese. La historia había llegado demasiado lejos. En el verano de 1938, una Magda tan llorosa como decidida exigió al Führer que pusiera fin a la relación de Goebbels con la actriz y éste, necesitado de todos los efectivos posibles para salir del cascarón (poco más tarde se firmaría el tratado de Munich, por medio del cual se entregaba Checoslovaquia a los nazis, que comenzaban así su campaña de violenta expansión por Europa), accedió. Wolf-Heinrich Graf von Helldorff (1896-1944), que pocos años más tarde conspiraría contra la vida del Führer, fue el encargado de comunicarle a Lída que debía abandonar Alemania y, por ende, la relación con Goebbels, de inmediato. Pero, para ese entonces, la Baarová ya era una extraña en Checoslovaquia.

Lída Baarová en los años 70

Lída Baarová en los años 70

Y eso que lo disimuló bien. En los primeros meses del Protectorado de Bohemia y Moravia, de infausto recuerdo para el pueblo que, también por entonces, ya consideraba a Lída Baarová una traidora colaboracionista, la actriz supo apañárselas para mantener el ritmo de vida que había llevado en Berlín como amante del ministro. Triunfó en la Italia fascista, se movió con los líderes del Protectorado. Vivió bien. El mundo de Baarová, reconvertida ahora en Lída Baar para que su nombre sonase más germano, se vendría abajo al acabar la Segunda Guerra Mundial, pero no lo vio venir. Años más tarde habría quienes mantuvieron que Baarová estuvo próxima al poder nazi no por convicción, sino por mero afán de status.

Quién lo puede saber. La cuestión es que, al finalizar la Guerra, quien había sido la amante de uno de los hombres más influyentes del régimen nazi estaba entre las primeras de la lista: acusada de colaboracionista, pasó gran parte de 1945 y de 1946 en la cárcel; su madre, Ludmila, murió y su hermana Zorka, actriz de menor importancia que había crecido a su sombra, se suicidó arrojándose por una ventana, consciente de que su carrera se había terminado. Tenía 24 años. A la salida de la cárcel, nada bueno aguardaba a Lída en Checoslovaquia y ella, superviviente nata, se supo adaptar otra vez a la nueva situación: se escapó a Austria de la mano de Jan Kopecký, representante teatral que, enamorado profundamente de la actriz, renunció a una vida que, para él, hubiera sido muy cómoda. Sobrino de un dirigente comunista, huyó del país por amor meses antes de que éste obtuvieran el poder.

Lída Baarová al final de su vida.

Lída Baarová al final de su vida.

El matrimonio, claro, no duró mucho. Hasta mediados de los 50. Lída no volvió a recuperar la fama perdida -ni de qué manera-, pero sobrevivió como siempre había hecho. Actuó en Italia y en Austria obtuvo una relativamente buena posición social. Se casó por segunda vez con un psiquiatra austriaco que moriría tres años más tarde; vivió hasta los 86 años y nunca se arrepintió de su relación de complicidad con el régimen nazi.

Antagonista de la historia, amada por su belleza y rechazada por sus amistades, Lída Baarová ha vuelto ahora a las pantallas de cine checas bajo la piel de Tatiana Pauhofová, a quien ya conocimos en Horící ker. La película se estrena el 21 de enero. ¡Vayan calentando motores!

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