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Ema Destinnová, una soprano contra el Imperio

Arantza Margolles Beran el 12 marzo, 2015 - 10:19 am en Cultura, Historia

La técnica le venía de familia y para encontrar la poesía sólo tenía que salir de casa y pasear por las calles de la bellísima Praga de fin de siècle. Con ambas cosas de su parte, Ema Kittlová no tenía más remedio que ser artista como, y afortunadamente para la cultura checa y también para la universal, finalmente lo fue. Pero la figura de la soprano, que pasaría a la historia bajo el sobrenombre de Ema Destinnová, no fue sólo musical, sino que también estaría llamada a convertirse en símbolo de la libertad y la independencia de Checoslovaquia en los duros tiempos de la I Guerra Mundial.

 

EmaDestinováEma Kittlová vino al mundo a principios de 1878, en un edificio burgués de la calle Kateřinská -cuya planta baja está hoy ocupada por un restaurante que lleva su nombre-, hija de un empresario cultural y de una soprano que hicieron que la niña se instruyese en todas y cada una de las artes; desde la escritura hasta el canto, pasando por los pinceles y el violín y tocando incluso la interpretación. La intervención de una excelente profesora de canto, Marie von Dreger Löwelová-Destinnová, hizo que la joven finalmente se decantara por éste, tomando el apellido de su maestra para crear un nombre artístico.

Reconvertida en Ema Destinnová, el éxito conseguido por las interpretaciones de la soprano praguense obtuvo un rotundo éxito desde el momento mismo de su debut como Santuzza en Cavaleria Rusticana, por aquel entonces una obra casi recién nacida, en el Dresde de 1897. Tanto fue así que Ema acabó por recorrer Europa y pisar el charco, interpretando a todas las protagonistas que una soprano pudiera desear dar vida, desde Carmen hasta Cio-Cio San. Empezaba la leyenda y, a la par, el compromiso: Destinnová no tardaría en convertirse en musa de su colega Smetana y en simpatizar con la causa por la independencia checoslovaca. Aquello, en tiempos de un Imperio Austrohúngaro en caída libre, impidió que Ema fuera profeta en su tierra al menos durante los primeros años de su carrera.

Pero no se pueden poner puerta al campo. La fama internacional de la Destinnová fue tan grande que hubiera sido imposible que los círculos culturales de su tierra, por lo demás en su mayoría simpatizantes de la misma causa, no la conocieran. Su irrepetible voz, acompañada de una técnica refinadísima para la época y, además, de una vida bohemia y misteriosa en la que Ema enlazaba novios y aventuras, se codeaba con las altas esferas y, al tiempo, se tatuaba serpientes al modo carcelario, hizo de ella la mujer del momento. Acompañada y acompañante frecuentemente de Caruso, llegaría a cantar en la coronación del rey Jorge V de Inglaterra y a recibir los elogios de la reina Mary, que llegó a postrarse a sus pies. «Yo«, le declaró humildemente la nueva reina, «soy una reina de tantas, pero usted es la única reina del canto del mundo.«


Con Dinh Gilly, su pareja en 1914, interpretando la canción popular ‘Dobrou noc

Cuando llegó la guerra, Ema Destinnová ya se había establecido en las tierras checas de forma permanente. Un generoso regalo de Dinh Gilly, barítono franco-argelino que compartía con la Destinnová escenarios y cama (para escándalo mundial, porque Gilly estaba por entonces casado), la hizo trasladarse a la que sería su residencia durante el resto de su vida, el palacete de Stráž nad Nežárkou, en el sur de Bohemia. Podría haberse refugiado allí en lo que restaba de contienda, pero el carácter de Ema, inquieto y atrevido, comprometido y valiente, no hubiera estado muy cómodo con el cambio. De modo que la Destinnová volvió a los escenarios, ¡y de qué manera!: embutida en una faja azul, blanca y roja, los colores de la bandera independentista, introduciendo sus conciertos con rotundas frases anti imperiales y finalizándolos siempre con el Kde domov můj, el himno de Tyl y Škroup que estaría por convertirse en el de la nueva nación checoslovaca y que glosaba -y glosa- las bellezas de la bella tierra checa.

Ema2Su compromiso le generaría no pocos problemas. Acusada de espionaje y de simpatías por la Resistencia, el Imperio le cortó las alas, prohibiéndole actuar en su país. El detonante ocurrió en 1917, cuando la soprano se negó a actuar en un concierto de la Cruz Roja austriaca. Pero Ema ya pensaba en retirarse. El pánico exacerbado a envejecer sobre el escenario, sumado a ciertos traumas personales asociados también a un sobrepeso cada vez mayor hicieron que Ema, a pesar de ser requerida aún por los teatros de medio mundo, fuera apartándose del mundo de la actuación y recluyéndose en su querido palacete cada vez con mayor frecuencia. Sólo salió, desde el final de la guerra y hasta su retirada definitiva en 1926 (con la excepción de 1928, año en el que accedió a cantar con motivo del décimo aniversario de la creación de Checoslovaquia), para interpretar papeles eslavos.

Ema Destinnová disfrutó intensamente de los últimos años de su vida, en los que se dedicó a dar clases de canto, a coleccionar antigüedades y a casarse, después de toda una vida de aventuras sentimentales, con el mecánico Josef Halsbach, del que se dice que sobrevolaba en avión Stráž nad Nežárkou sólo para tirar pétalos de rosas sobre su balcón. Cuando murió, en 1930, contaba sólo 51 años en su cédula de identidad y ni una corona que gastar en la cartera. Irónicamente, su cara ocupa hoy el anverso del billete de dos mil.

Para saber más

Božská Ema (1979), dirigida por Jiří Krejčík y protagonizada por Božidara Turzonovová, narra la vida de Ema Destinnová. Además, ha sido sacada a la venta este año sin la censura que en su día se impuso sobre la cinta.

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