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Zlín, la utopía modernista de Tomáš Baťa

Arantza Margolles Beran el 31 marzo, 2015 - 10:57 am en A fondo, Rincones checos, Zlín

Muy alejada de los patrones estéticos que suele buscar el turismo, visitar Zlín, en el sureste de la República Checa, supone, sin embargo, una incursión histórica sin parangón: una ciudad fundada por y para las nuevas utopías modernistas generadas a principios del siglo XX por la revolucionaria industria zapatera de su nativo más ilustre, Tomáš Baťa.

 

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Tomáš Baťa.

Estaba llamado, por tradición familiar, a convertirse en zapatero, pero nadie dijo que hubiera de convertirse en mucho más: en el rey de los zapateros. Y lo hizo. Una breve aproximación genealógica a Tomáš Baťa (Zlín 1876 – Otrokovice 1932) nos hace ver que fue hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de zapateros (obuvník), siempre en torno a la ciudad morava de Zlín, de la que partió a finales del siglo XIX para trabajar en una cadena de montaje estadounidense. A su retorno, Tomáš trajo en la cabeza enormes ideas de renovación para el negocio que por aquel entonces, en 1904, lideraba su hermano mayor Antonín. Fue la muerte de éste, muy temprana, y el triste advenimiento de la I Guerra Mundial lo que haría de Zapatos Baťa la mayor industria del país, configurando por completo el nuevo urbanismo de Zlín.

La altísima demanda de zapatos militares en la guerra hizo que la zapatera de Bat’a prosperase y se convirtiera en el principal medio de subsistencia de lo que hasta entonces había sido una pequeña ciudad con apenas tres mil habitantes. Agradecidos por la repentina prosperidad que el zapatero les había proporcionado, los habitantes de Zlín le elevaron al cargo de alcalde en 1923. Fue entonces cuando comenzó la reconversión total de la ciudad, que en apenas una década quintuplicaría su población.

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El viejo Zlín, muy distante de lo que es hoy

Zlín, la ciudad soñada por Howard y Le Corbusier

En búsqueda de un modelo urbano adaptado al funcionamiento de la industria de Bat’a, el nuevo alcalde impulsó la construcción de la nueva ciudad en base, por un lado, al modelo de ciudad jardín de Ebenezer Howard -que en norte de España se puede ver en el barrio vitoriano de Mendizorroza, en Santander o en Bilbao- y, por otro, en las máquinas para vivir de Le Corbusier: imperaría el hormigón, la funcionalidad, la uniformidad, lo lineal y los grandes espacios por y para el pueblo.

Bat’a, que nunca llegaría a ver acabado su sueño funcionalista (murió en un accidente de avión a los 56 años, en 1932), impulsó de esta manera la que acabaría por convertirse en desconocida cumbre de la modernidad europea. Siguiendo los planos del alumno de Le Corbusier F.L. Gahura, Zlín acabó por tener el hospital más desarrollado de todo Checoslovaquia, estudios de cine propios -a los que la animación checoslovaca debe mucho- y los primeros rascacielos del continente europeo.

Aunque bombardeada en 1945, hoy en día un paseo por Zlín nos revela mucho del pensamiento fordista importado por Bat’a a Europa y la revolución que supuso la industria zapatera checoslovaca, en cuya expansión mundial llegarían a renombrarse ciudades (Bat’avanov, en Eslovaquia, sin irnos demasiado lejos). Nacionalizada a la llegada del régimen comunista, la empresa dejó de ser familiar a finales de los años 40, cuando los Bat’a se vieron forzados a exiliarse; la ciudad, que mantuvo su actividad industrial, fue renombrada en 1949 a Gottwaldov en honor al presidente -aún en vida- Klement Gottwald. Pero el espíritu de Zlín siguió profundamente vinculado a los Bat’a; tanto que, en 1990, el retorno del hijo del fundador a la Checoslovaquia de después del Terciopelo fue celebrado en loor de masas. Hoy, los Bat’a nombran cada uno de los rincones de Zlín -que ha recuperado su nombre original-… hasta su universidad.
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Zlín en 1935.

¿Qué ver en Zlín?

  • A falta de guías que nos expliquen el desarrollo, la historia y los rincones de Zlín, bueno será comenzar nuestra visita a la ciudad por el Museo del Zapato de Zlín y el 14|15 Bat’ův institut (bloque 40 del área fabril, Vavrečkova 7040), excelentes centros dedicados a la figura de la familia Bat’a y su industria, en los que nos familiarizaremos con la ciudad. No está, además, muy lejos de la estación de autobús a la que previsiblemente habremos llegado gracias a los servicios frecuentes de transporte con ciudades como Praga, Brno u Olomouc. La compañía más recomendada para llegar a Zlín: Student Agency, como no podría ser de otra manera.
  • Villa Bata: construida a principios de siglo para servir como vivienda a los Bat’a, fue nacionalizada y reconvertida en albergue para la organización equivalente a los boy scouts en la época de la Checoslovaquia comunista, los Pioneros.
  • Hotel Moskva: Coloso de diez plantas de hormigón que debe su construcción a la época Bat’a (1932) y su nombre a la de Gottwaldov.
  • Rascacielos de Bat’a (Baťův mrakodrap): Entre 1936 y 1938 se construyó el que estaría por convertirse en el segundo rascacielos más alto de Europa, con casi 78 metros de altura. Seis años después, sobrevivió milagrosamente al bombardeo de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial, y actualmente alberga las oficinas del gobierno regional y las de Impuestos; se puede visitar su terraza, que ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad. Esta web ofrece visitas virtuales al edificio.
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  • Aunque ya es tarde para visitarla, ya que cerró en 2013, seguro que nos llamará la atención la Casa de las Artes (Dům umění), que fuera memorial de -¿adivinan?- Tomáš Baťa y sede de la Filarmonía. Construida por Gahura en 1933, en conmemoración al zapatero tras su muerte en el 32, desde finales de los años 50 había venido albergando exposiciones de arte continuas hasta que, ahogado el ayuntamiento de la ciudad por las deudas financieras, la Casa de las Artes se vio obligada a cerrar sus puertas hace ahora dos años. La exposición permanente se encuentra ahora en el 14|15.
  • El Gran cine (Velké kino), situado frente a uno de los laterales del hotel Moskva, pudiera parecernos hoy en día más un aparcamiento de coches que lo que fue y es. Construido en 1932, fue el cine más grande de Europa con una capacidad cercana a las 2.600 personas y una pantalla de nueve metros de ancho.
  • La estatua a Masarýk, imprescindible en cualquier ciudad checa que se precie de serlo. Se encuentra frente al modernísimo nuevo edificio de la Filarmonía, frente a uno de los parques que hacen las veces de pulmón verde de Zlín (Komeský, Univerzitní y Svobody) y por los que podemos pasear casi olvidándonos del cemento que se impone en el resto de la ciudad.

¡Disfruten de Zlín!

Filarmonia Masaryk MuseoRegional
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