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Pozo Nicolasa: cuando el luto unió a checos y asturianos

Foto: Eduardo Urdangaray / https://www.flickr.com/photos/bancoimagenes
David Fernández González el 6 diciembre, 2014 - 6:27 pm en Historia, República Checa y Asturias

El 31 de agosto de 1995 pasó a formar parte de la historia como uno de los mayores accidentes mineros de la historia reciente. A las tres y cuarto de la mañana, a unos 400 metros de profundidad, entre las plantas cuarta y quinta del Pozo Nicolasa de Ablaña (Mieres), la tierra sepultaba catorce mineros.

Las causas nunca fueron aclaradas completamente, enfrentándose diversas teorías por parte de sindicatos, patronal y Dirección regional de Minería. Una explosión de grisú, un fallo eléctrico en el minador, una chispa en el electroventilador o una explosión accidental de dinamita. Lo que sí se evidenció de aquella tragedia fue que las condiciones de seguridad eran deficientes.

Aquel accidente marcaría un antes y un después en las comarcas mineras, primero por el impacto social que toda muerte en la mina representa para unas comarcas que tienen tan arraigado un oficio tan duro como vinculado a la catástrofe. También sería un punto de inflexión en la mejora de las condiciones de seguridad del trabajo en los pozos, instalándose en el Pozo Nicolasa algunas de las medidas más modernas como el seguimiento y monitorización en todo momento de los mineros dentro del pozo.

Toda tragedia minera une, hace piña, pero esta sirvió para tejer un lazo de luto y solidaridad entre checos y asturianos ya que, de los catorce mineros fallecidos, cuatro procedían de la localidad de Karviná, en la región de Moravia-Silesia, una de las principales zonas mineras de la República Checa. Los cuatro trabajaban para la subcontrata Satra y formaban parte de la nada desdeñable colonia de mineros checos, eslovacos y polacos que a día de hoy aún trabajan en minas asturianas.

Karviná se convirtió en un polo industrial tras la II Guerra Mundial debido a la planificación estatal que, aprovechando la abundancia de reservas de carbón, orientaría la economía de la región hacia la industria pesada que es, a día de hoy, aun predominante.

Eugenio Martín Curieses, Francisco Javier González Merino, José Ignacio del Campo Bernardo, Juan Manuel Álvarez Fernández, Eduardo Augusto Alves, Elías Otero Fernández, Manuel Ángel Fernández Bueno, Anatolio Lorenzo Pedrosa, Luis Antonio Espeso Mencía, Vlastimil Havlik, Miroslav Divoky, Michal Klenot y Milan Rocek. Todos ellos muertos, tiñeron de luto la cuenca minera asturiana y la cuenca del carbón de Karviná-Ostrava porque, ni los miles de kilómetros, ni el idioma, son barrera para comprender el dolor de la mina.

Cada año, aprovechando la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros, se celebra una ofrenda floral ante el Monumento Minero de Mieres, obra de Miguel Ángel Lombardía y erigido por suscripción popular a raíz de la tragedia del Pozo Nicolasa.

«Maldita la mina que cambia trabayu por cachos de vida»

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